jueves, 3 de septiembre de 2009

El denso olor a Semen desbordado...


A los catorce (parece que fué ayer) me iniciaba en el furtivo y noble arte de la masturbación, yo suspiraba por mi vecina, una rubia -quien no ha suspirado por una rubia- que suspiraba por un idiota moreno que tenia una bicicleta de carreras y jugaba al baloncesto, solo se me ocurrian tres maneras de llamar su atención: atracar un banco, tirarme en paracaidas, ó suicidarme... Lo malo era que las tres exigian una sobre dosis de valor que yo no poseía, yo me entretenia con llenar mi cuaderno con versos, suspirando por aquella rubia, que seguia suspirando por el mismo idiota moreno que tenia una bicicleta de carrera y jugaba al baloncesto... Pero una tarde de aquel Enero, el Rey Melchor se portó bien conmigo y me trajo por fin una bicicleta y recuerdo como esa tarde, una rubia me tiraba un beso arovechando un despiste de su novio, aquel idiota moreno que tenia una bicicleta de carrera y jugaba al baloncesto.


Esa noche comprendí que la masturbación es el noble e intenso arte de la eyaculación.

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